Mamey se compone como un campo de color vivo. Capas que se abren en anillos suavizados, donde el naranja mamey, el coral, el salvia y la arena se encuentran, se separan y vuelven a unirse, dando a la superficie un movimiento silencioso.
Una silueta libre guía la mirada y la mano. Nada se repite. Todo fluye con la naturalidad de una curva de río. Hecha a medida, Mamey envuelve el espacio en un paisaje íntimo, a la vez escultórico y pictórico.
Mamey se convierte en la firma de la estancia, un refugio cálido de color.















